La definición de belleza tiene en su contenido una ambigüedad complicada de salvar: lo que para unos es bello para otros puede no serlo. El tema tiene su intringulis, ya que actualmente todo el mundo reconoce un modelo de belleza más o menos estándar y más o menos extendido a lo largo y ancho del planeta.
Durante mi estancia en Grecia conocà que esos cánones que hoy en dÃa guian las figuras de medio mundo nacieron a raÃz del arte y las matemáticas. Se empezó a hablar de belleza en el sentido literal de la palabra en tempranos trabajos de filósofos griegos a partir del perÃodo presocrático, con Pitágoras. La simetria y proporción de las matemáticas fueron llamadas por primera vez como algo bello. Una consecuencia de esa forma de pensar se vió plasmada en la arquitectura griega clásica, basada la idea de simetrÃa y proporción. Las fundaciones de artistas clásicos griegos y romanos también han aportado el estándar para la belleza masculina en la civilización occidental. El romano ideal fue definido como alto, muscular, de piernas largas, una alta y amplia frente (un signo de inteligencia), ojos grandes, una nariz fuerte, una boca pequeña y una mandÃbula poderosa.
A comienzos del siglo XXI estudios cientÃficos que se ocuparon del concepto de belleza humana, generaron un patrón facial resultante del estudio de cientos de rostros considerados bellos y concordaron en que hay un patrón común de rasgos que se asocian al concepto de “rostro bello“. ¿Podemos hablar entonces, de un método o prueba objetiva que nos permite medir la belleza en el sentido más universal de la palabra?
Cinzia Di Dio, Emiliano Macaluso y Giacomo Rizzolatti són neurocientÃficos de la Universidad de Parma y del Laboratorio de Neuroimagen de Roma, y han realizado unas pruebas con imágenes de resonancia magnética nuclear funcional para determinar un estandar de belleza.
Se trata de una serie de experimentos en los que el instrumental permite ver en directo qué partes del cerebro humano registran mayor actividad respecto a las demás. Mediante un proceso de selección de voluntarios aleatorio sin especial formación en artes, se les pidió contemplar imágenes de esculturas clásicas y del renacimiento, tanto originales como alteradas. Mientras las veÃan se analizaba su actividad cerebral, los cientÃficos querÃan ver si las visualizaciones de las dos clases de imágenes (esculturas originales con proporciones canónicas versus esculturas alteradas con proporciones que degradaban el valor estético) tenÃan distintos efectos sobre la actividad cerebral. Pudieron comprobar que asà era.
Las imágenes originales con sus proporciones áureas activaban conjuntos especÃficos de neuronas corticales, asà como de la Ãnsula, que es una región que media en las emociones. Esta respuesta fue particularmente intensa cuando a los participantes en el experimento sólo se les pedÃa observar la imagen, es decir cuando el cerebro reaccionaba de manera espontánea al estÃmulo. Cuando se les solicitó que juzgaran si las esculturas eran bonitas o feas, el cerebro respondió a las feas activando la parte derecha de la amÃgdala, que es otra estructura cerebral que responde a la información entrante que contiene valores emocionales.
Las conclusiones del estudio son muy llamativas; para una persona no experta en arte, el sentido de la belleza está controlado por procesos no excluyentes, y por lo tanto genéricos para todos. Los investigadores sugieren a partir de las investigaciones que los procesos o factores, objetivos (basado en la unión de la activación, provocado por parámetros intrÃnsecos al estÃmulo, de conjuntos de neuronas corticales y de la Ãnsula) y subjetivos (basado en la activación de la amÃgdala condicionado por las experiencias propias del sujeto) son determinantes en nuestra apreciación de la belleza
A pesar de que el estudio revela algunas incognitas sobre la belleza y su relación con los humanos, la pregunta básica en un mundo marcado por las tendencias y la volatilidad de lo clásico es: ¿cuando un tipo de pensamiento sobre la belleza consigue no expirar, permanecer en el patrimonio permanente de la humanidad sin ser inducidos por herencia biológica o de pensamiento? Ahora sabemos nuestra reacción a la belleza, pero seguimos sin saber determinar de dónde proviene exactamente…. A veces un explicación simple lo define todo: quizá el origen de la belleza podrÃa remontarse a la propia existencia de los seres humanos como cualidad mental de los mismos.
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[...] llega Diciembre, con su belleza, su calentamiento, y sus novedades, entre otras [...]