Invitado por CosmoCaixa y el British Council, Colin Blakemore realizó en Madrid una conferencia titulada : “¿Por qué los cientÃficos deben comunicarse con el público?“, hablando extensamente sobre la relación entre la ciencia y el pueblo llano. Es considerado por la Royal Society como uno de los divulgadores más influyentes del Reino Unido, su carrera como cientÃfico y gestor asà lo demuestran. Es neurobiologo especializado en la visión y hasta hace poco director del Medical Research Council (MRC).
En el aspecto de la divulgación, Blakemore hace unas reflexiones muy interesantes acerca de la responsabilidad de los cientÃficos en motivar al público: «La gente recurre cada vez más a Internet, pero de momento la televisión y los periódicos siguen siendo su principal fuente de información. Asà que hay una clara responsabilidad de mantener un nivel mÃnimo Pero para hacer eso, la prensa necesita acceso a la comunidad cientÃfica para contrastar la calidad de los diferentes puntos de vista que se les presentan. Cada vez más estamos viendo el surgimiento de lobbies de presión muy efectivos y especializados en áreas como investigación con embriones, modificación genética, energÃa nuclear… Y en general están mejor organizados que la comunidad cientÃfica a la hora de presentar sus informes a los medios de comunicación. Creo que los cientÃficos tendrÃamos que aprender algunos de los trucos que emplean esos lobbies para poder influir más en los medios». Es una opinión muy reveladora sobre como deben comportarse los nuevos cientÃficos, obviamente Blakemore no pretende imponer un sistema de actuación, pero piensa que «la comunidad cientÃfica deberÃa considerar la comunicación como parte central de sus obligaciones profesionales. Ser cientÃfico no consiste solo en hacer buena investigación y en ser honesto a la hora de comunicarla a otros cientÃficos, sino que tiene que incluir también la responsabilidad de comunicarla de forma más amplia».
Y aquà la eterna discusión, ¿que métodos de comunicación deben utilizar los cientificos? Colin defiende el Movimiento de Libre Acceso a las Publicaciones para penetrar en el interés de la gente común. Pero el problema en la comunicación cientÃfica tiene varios focos activos. El principal escollo es la publicación; se realiza mediante revistas especializadas en las que el acceso es demasiado restrictivo a causa del coste de suscripción, elevadÃsimo, y una posterior complejidad en el artÃculo, que no todo el mundo puede entender. Blakemore insiste en este tema, y remarca que «durante los dos últimos años, la comunidad cientÃfica ha estado presionando para conseguir que los artÃculos sean publicados en Internet casi inmediatamente». La otra barrera son los propios cientificos, que pocas veces intentan publicar algo para el gran público, para que la gente normal y corriente pueda adquiri un interés sobre la ciencia actual. Es evidente que no hay fórmula mágica para conseguirlo, pero demasiados achacan pasividad al colectivo y poco interés en despertar la curiosidad del lector, necesitado de un lenguaje más llano y transparente para entender lo que se explica.
Y realmente, la ciencia ha avanzado muchÃsimo gracias a internet. Hace unos dÃas se hablaba de ello desde otro punto de vista en Informe Semanal, en un reportaje titulado Pensar en Español [Flash, 10 min. aprox.]. Aunque el tema és ligeramente distinto, hay un transfondo entre la relación ciencia e idioma que se utiliza. En Madrid se reunieron diversos expertos e instituciones en el marco de Quincena Pensar en Español. Estas reuniones pretenden dilucidar «qué le falta al español para ser reconocido como lengua del conocimiento». El motivo es que, frente al inglés, que hoy en dÃa parece ser «la lengua de la investigación, del dinero e incluso de Internet», el español no tiene nada que hacer.
Pero a parte de los motivos linguÃsticos, a mi parecer totalemente relativos y fácilmente salvables, internet ha conseguido que los no-cientificos ofrezcan ciencia desde un mismo nivel, es decir, ofrecen contenidos puramente cientÃficos, pero desde el mismo punto de vista que otra persona. Esto provoca interés, facilitado en gran parte por la sencillez del lenguaje y una explicación técnica pero sin entrar en detalles, que para la mayorÃa serán a parte de aburridos, incomprendidos.
Finalmente, la entrevista finaliza con un debate interesantÃsimo sobre la relación cultura-ciencia, en cierto sentido que no estamos habituados a escuchar y dónde hay mucha lucidez:
«La ciencia está siendo reconocida cada vez más como parte de la cultura, pero sigue siendo aceptable que la gente se meta en sofisticadas discusiones sobre temas de los que tiene ni idea, y eso no refleja su nivel de conocimiento o de educación. No puedes decir que no sabes nada de Shakespeare, o que no sabes nada de Picasso; todo el mundo se reirÃa de ti. Pero la ciencia no se ve todavÃa al mismo nivel que las artes en términos de cultura. Creo que deberÃamos examinar la manera en que se enseña en los colegios.
La mayorÃa de los paÃses valoran la educación cientÃfica, por supuesto, pero la ven como destinada a una fracción muy pequeña de la población, que se convertirán en los cientÃficos del futuro. Tenemos que pensar es en el 95 por ciento de la gente que no van a ser cientÃficos. Hay que rediseñar la educación cientÃfica, para que la encuentren aceptable y la entiendan, y pase a formar parte de su cultura general. Y tenemos que conseguir la gente pueda sentir que la ciencia les pertenece.
El sentimiento de propiedad es aquà crucial. Creo que todo el mundo, en cierto sentido, se siente propietario del arte. Picasso les pertenece, Rembrandt, Goya, Cervantes, Shakespeare… les pertenecen, porque sienten empatÃa hacia esos creadores de cultura. Pero no sienten lo mismo hacia la ciencia, la ven como algo de una elite, separado, distante. Y necesitamos conseguir que el público tenga hacia la ciencia ese mismo sentimiento de propiedad».
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[...] los meses y Octubre me sirve para leer sobre Nietzsche, reflexionar sobre la ciencia y ver cómo se construye un imperio, entre otras [...]