La compra de YouTube por parte del ya gigante Google fue, por el eco transmitido y por su trasfondo, una de las grandes noticias dentro del mundo de Internet en el transcurso de este 2006, el mas 2.0 de la história. Esto ocurrió el fin de semana del 7 de octubre, dÃa en el que se confirmaban las intenciones por parte de Google de adquirir el famoso servicio de vÃdeos, por 1.650 millones de dólares. Ese mismo dÃa, Anna Politkóvskaya fué asesinada a tiro en Moscú. La rusa era una crÃtica muy destacada de Vladimir PutÃn, presidente ruso, y escribÃa sobre las violaciones de los derechos humanos en Chechenia. Susan D. Moeller y Moisés NaÃm publican hoy en la edición impresa del diario El PaÃs, un interesantÃsimo artÃculo titulado La compra de YouTube y un asesinato en Moscú, en referencia a estos dos sucesos aparentemente sin relación.
Un buen titular acerca al lector interesado en temas tecnólogicos a leer el artÃculo, y descubre con asombro varias premisas que estan cambiando desde que Internet és Internet y desde que se utiliza tanto. Moeller y NaÃm avisan sobre la fuerza del nuevo medio digital, introduciendo la relación y razón de ser del artÃculo:“La adquisición de YouTube y el asesinato de Politkóvskaya son dos hechos que no guardan relación entre sÃ. Sin embargo, ambos ofrecen pistas sobre las fuerzas que determinan cómo se produce, distribuye y consume la información en el mundo actual”. Los dos colaboradores de El PaÃs, presentan los nuevos medios, en referencia a YouTube, y los compara con los viejos medios, donde la figura de Anna es clave. Y es en este último punto dónde introduce algo realmente interesante: “La fascinación que provoca el efecto transformador de todo esto permite olvidar con facilidad algo que es esencial para el proceso de la información: los mensajeros de los “viejos medios” como Anna Politkóvskaya.[...]. Estos asesinatos son prueba de cuánto importa el mensajero. Insurgentes, criminales, terroristas y polÃticos corruptos comprenden a la perfección que son los meses o años que dedican los periodistas profesionales a escarbar -muchas veces sin el apoyo de sus empresas- los que acaban dejando al descubierto las fechorÃas”. Nótese el uso del término periodistas profesionales, auténtica declaración de principios que aleja la figura del periodista totalmente absento de principios para dar paso a un auténtico profesional del sector con pasión y responsabilidad sobre el trabajo que realiza, trabajo muy pocas veces debidamente recompensado por sus respectivas empresas o lectores en general.
El artÃculo prosigue remarcando la importancia de la red en todo el tema: “[...] Por supuesto, las nuevas tecnologÃas amplÃan los medios de comunicación y de los “mensajeros” a la hora de prestar servicio público y, en ocasiones, aumentan la resonancia de periodistas profesionales.[...] Es más difÃcil callar a los millones de periodistas aficionados provistos de fotos, vÃdeo y blogs, que a una molesta y tenaz como Politkóvskaya“. Nadie pasa por alto la importancia del nuevo periodismo popular, dónde un blogger puede tener más influencia que un periodista acreditado, simplemente por saber buscar su lugar en la red, y decir cosas desde el mismo nivel que quién le escucha, algo definitivamente sincero y apoyado. Existe también una reflexión muy interesante a lo que los autores llaman viejos medios, una parte sencillamente imprescindible para el buen funcionamiento de la sociedad: “No obstante, (en referencia a la importancia de internet en el periodismo actual), las investigaciones de Anna y la labor de otros profesionales proporcionan la prueba inequÃvoca y el “contenido” creÃble -documentos, fuentes, detalles, comprobados una y otra vez- que necesitamos en una sociedad funcional, civilizada, democrática y, en definitiva, libre”. Esta última lÃnea la considero de culto, ya que introduce el periodismo, el buen periodismo, como un factor a tener en cuenta en el correcto funcionamiento de la sociedad, algo que es verdad, ya que són ellos quienes se juegan el pellejo para destapar los casos más sonados de corrupción y violación de los derechos humanos.
Como todas las cosas buenas, acaba con unas deliciosas lineas: “ A las sociedades se las juzga por cómo tratan a sus ciudadanos más vulnerables. Nuestra sugerencia es que, además de ese cálculo, deberÃa tenerse en cuenta si hay periodistas amenazados, atacados y asesinados. DÃganos cuántos periodistas murieron asesinados en su paÃs en el año pasado, y le diré qué tipo de sociedad tiene“.
Susan D. Moeller es directora del Centro Internacional de Medios y Agenda Pública en la Universidad de Maryland.
Moisés NaÃm es director de la revista Foreign Policy y autor de Ilicito: cómo traficantes y contrabandistas están cambiando el mundo.
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